
Una de las almas sobrepasa el medio siglo de existencia, no vive en la opulencia aunque su costoso traje y la suntuosidad de su morada nos delatan un caudal económico nada desdeñable, por este motivo no nos sorprenderá el regalo, que tenía escondido y vemos sacar del armario, con el que agasajará al segundo alma con quien cohabita y al que ahora observamos.
No ha alcanzado aún las cinco décadas y su vida ha sido cómoda en al menos estos últimos años, que manos tan cuidadas y desprovistas de callosidades no son habituales en quienes no son tan afortunados en las finanzas. Su vientre no es prominente ahora, pero bien henchido lo hubiéramos encontrado de hallarnos presentes durante las tres gestaciones que tuvieron lugar, y de los que el primer alma es el padre, o eso es lo oficialmente estipulado, no seremos nosotros los que cuestionemos sobre extremos que pudieran esconder matices escabrosos.
El primer alma, de género masculino como hemos concluido anteriormente, le acaba de entregar el presente a ella, que ella, madre y esposa, es el segundo alma de esta historia, no en importancia sino en aparición. Habiéndose convertido ya más en una costumbre que en ofrenda de amor, que esto del amor, sea cual fuere su interpretación pues cada cual lo entiende de distinto modo, no suele sobrevivir al paso del tiempo y transmuta en otros sentimientos más livianos y reposados, nos hace dudar acerca de las razones que indujeron a este hombre en la elección de este regalo y no otro.
Dispendioso regalo, todo hay que decirlo, pero no es la proporción económica un equivalente del amor, de magnates conocemos regalos de sortijas con diamantes y zafiros de exorbitante valor a queridas, que no amadas. No es el caso de este hombre, a pesar de no hallarse enmarcado y colgado en alguna pared el certificado que los acredita como matrimonio, sabemos a ciencia cierta que ésta y no otra, es su esposa.
Dudamos, y quizá con ello ofendamos a este hombre, porque presentimos que del amor que se profesaron sea cual fuere el sentido que aplicaron cada cual a tal término, solo quedan ya reminiscencias, dudamos porque es febrero, porque eligió regalarle un abrigo de piel de foca.
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